Ciudad Quesada. Cuando Alajuelense
se hundía en caída libre ante un San Carlos arrollador, Ariel Rodríguez
capturó un balón en mitad de la cancha, se abrió campo con un zig zag
imparable y anidó el cuero en la red norteña para suavizar la caída
rojinegra en el primer asalto de la semifinal.
El rumbo del partido no varió mucho con ese gol del descuento: los norteños, muy superiores, sacaron la faena en casa.
ero la serie sí es otra a partir del zurdazo de
Rodríguez. El 2-0, sin ser lapidario, colocaba el próximo domingo en
Alajuela a un San Carlos crecido y con renta cómoda.
El 2-1, en cambio, amortigua la desventaja manuda y
mete en el caldero la disputa por un boleto a la final. Aparte del
valor numérico, el gol frenó el ímpetu de los norteños, que amenazaban
con llenarle el saco a un débil cuadro rojinegro.
Toros crecidos. Hasta que Rodríguez encontró el
conejo en el sombrero, la Liga era un equipo extraviado en la cancha. A
lo mejor por el barrial, como pretextaron sus jugadores, pero
principalmente porque enfrente estaba un San Carlos que de verdad se la
está creyendo.
Ya los norteños no son un experimento, ni un proyecto
alimentado solo por fantasías. Su juego se construye sobre estrictos
fundamentos que otros clubes de más trayectoria –como Cartaginés y
Herediano– desearían para sus planteles: eficiente rotación de la
pelota (con visión al marco rival, no un inofensivo “chiqui-chiqui”) y
veneno puro cada vez que aparece la bola muerta, por citar dos rasgos.
Guiado por un formidable álvaro Sánchez, San Carlos
tuvo el partido justo donde lo quería. Al número siete, la zaga
rojinegra le dispensó trato preferencial: no habían pasado ni quince
minutos y ya le habían cometido tres faltas, el conocido
“ablandamiento”.
Mas, en dos acciones logró burlar la vigilancia y
desenfundar sendos pases que se convirtieron en materia prima de los
goles locales.
Y ahí, cuando aquello tomaba matiz de desastre para los
visitantes, apareció Rodríguez y su peculiar “slalom” hacia el arco de
Ronny Fernández: tres quiebres de cintura y un latigazo de precisión
para bajarle el tono a la derrota.
Bajo el 2-1 resulta imposible atreverse con algún
pronóstico fiable. Vendrá el consabido debate estos días: si el gol de
ventaja será suficiente para que San Carlos sobreviva a su aventura en
Alajuela. O si el león, aún herido y con tres bajas, será capaz de
sacar las garras.